Ya esta aqui CENTRO MI DIARIO..
Estas fueron las palabras de su editor Manue Ballagas:
Hace más de 25 años que llegué a este país y todavía no ceso de mudarme. Parece que cuando uno deja atrás a su patria ningún destino es definitivo. Las maletas, como se dice, siempre están listas. Desde 1980, mi esposa y yo hemos vivido sucesivamente en la Florida, Ohio, el Distrito de Columbia, Nueva York y Nueva Jersey. Como muchos otros inmigrantes, fijamos nuestra residencia siguiendo el rumbo de las oportunidades, en busca de esa buena fortuna a la que todos aspiramos y que tantas veces parece eludirnos.
En Nueva York tuve ocasión de lograr lo que para muchos periodistas latinoamericanos es apenas un sueño: trabajar en uno de los diarios más prestigiosos de Estados Unidos, The Wall Street Journal. ¿Quién me iba a decir cuando me apeé de un bote camaronero en Cayo Hueso que casi dos décadas después pasaría a formar parte del staff de un periódico que es el referente financiero de millones de lectores en todo el mundo? What a country, señores!
Antes, tuve oportunidad de laborar once años en un importante órgano de prensa hispano, El Nuevo Herald, de Miami. Empecé como simple redactor de mesa, en 1987, pero con el estímulo de varios profesionales veteranos logré alcanzar allí funciones de responsabilidad y al fin un puesto gerencial, al frente de la sección de negocios.
La vida da muchas sorpresas, y henos aquí ahora en Tampa, una ciudad en la que nunca había estado, pero que conozco de nombre casi desde que era un niño. La historia de mi país de origen, Cuba, está estrechamente vinculada a Tampa, adonde José Martí acudía a fines del siglo XIX a recaudar ayuda para la causa independentista. Por lo menos uno de sus discursos más brillantes fue pronunciado aquí. “Para Cuba que sufre, la primera palabra”, así empezaba. En la escuela lo aprendíamos de memoria.
De modo que soy un recién llegado, pero en modo alguno un forastero. He venido aquí, como muchos otros hispanos en estos tiempos, huyendo del frío y de las aglomeradas urbes del nordeste. Sin proponérmelo, al aceptar el reto de lanzar Mi Diario, pasé a formar parte de la silenciosa corriente de latinoamericanos de diversos orígenes que fluye actualmente hacia la región central de la Florida.
He podido conocer a algunos en el corto tiempo que he permanecido aquí. Me he tropezado con ellos en supermercados, en cafeterías, y hasta en el mismo hotel donde me he hospedado. Eran centroamericanos provenientes de Virginia; puertorriqueños y dominicanos de Nueva York; colombianos de Nueva Jersey; mexicanos de las Carolinas; incluso cubanos que huyen, ya no de Castro, sino del elevado costo de la vida en Miami.
Estoy, pues, en la mejor de las compañías. Tengo un excelente conjunto de lectores, muy diverso en sueños, intereses y sentimientos. Tampa es también lo que algunos expertos llamarían una ciudad “aspiracional”, es decir, un sitio donde mucho está por hacer y donde el costo de la vida permite todavía a sus residentes un cierto grado de bienestar que facilita alcanzar sus metas y aspiraciones. Para cualquier inmigrante se trata de un sitio ideal, pero los obstáculos todavía existen.
He oído a algunos hispanos quejarse de que la gran prensa los soslaya; los he escuchado decir que son un grupo “invisible” sobre el cual sólo se escribe cuando ocurre un hecho delictivo. Los he oído lamentarse igualmente de que no tienen voz y de que sus opiniones no cuentan. Donna Parrino, funcionaria de la Universidad del Sur de la Florida, me relató lo difícil que le resultó conseguir que nuestro aeropuerto colocara al fin un letrero en español dando a los viajeros la bienvenida a esta ciudad. En una zona como ésta, donde en algunas partes los latinos representan un porcentaje considerable de la población y donde el pasado histórico está anclado en España y el Caribe, esto es algo insólito. Para llenar este vacío es que ha surgido nuestro semanario.
Para ello CENTRO Mi Diario ha contratado a un personal tan diverso como talentoso, que permanecerá atento a las necesidades informativas de nuestros lectores. Como a toda empresa en una sociedad libre y capitalista nos atrae el potencial económico que los hispanos representan, pero como ente periodístico nos impulsa también el afán de ofrecer un producto de calidad óptima, como se merecen los tampeños hispanohablantes.
Desde mi cargo como editor, me esforzaré por que esta publicación refleje verazmente el acontecer de esta comunidad, enfatizando siempre lo que nos une pero atento también a las reglas éticas del periodismo serio, con equilibrio y justeza al tratar cualquier tema, y sobre todo, sin favoritismos de grupo u origen nacional. Me esforzaré también por que los latinos tengan en Mi Diario un vehículo para expresar sus inquietudes.
Este podio que hoy ocupo es más de ustedes, los lectores, que de los profesionales que hacemos este periódico. Los insto, pues, a colaborar con esta sección, donde habrá espacio para cualquier opinión responsable. Habrá también un buzón para recibir sus cartas, si no se animan a escribir un artículo. Ustedes, los protagonistas de nuestra cobertura local, tienen ahora la palabra.profesionales veteranos logré alcanzar allà funciones de responsabilidad y al fin un puesto gerencial, al frente de la sección de negocios.
La vida da muchas sorpresas, y henos aquà ahora en Tampa, una ciudad en la que nunca habÃa estado, pero que conozco de nombre casi desde que era un niño. La historia de mi paÃs de origen, Cuba, está estrechamente vinculada a Tampa, adonde José Martà acudÃa a fines del siglo XIX a recaudar ayuda para la causa independentista. Por lo menos uno de sus discursos más brillantes fue pronunciado aquÃ. “Para Cuba que sufre, la primera palabraâ€, asà empezaba. En la escuela lo aprendÃamos de memoria.
De modo que soy un recién llegado, pero en modo alguno un forastero. He venido aquÃ, como muchos otros hispanos en estos tiempos, huyendo del frÃo y de las aglomeradas urbes del nordeste. Sin proponérmelo, al aceptar el reto de lanzar Mi Diario, pasé a formar parte de la silenciosa corriente de latinoamericanos de diversos orÃgenes que fluye actualmente hacia la región central de la Florida.
He podido conocer a algunos en el corto tiempo que he permanecido aquÃ. Me he tropezado con ellos en supermercados, en cafeterÃas, y hasta en el mismo hotel donde me he hospedado. Eran centroamericanos provenientes de Virginia; puertorriqueños y dominicanos de Nueva York; colombianos de Nueva Jersey; mexicanos de las Carolinas; incluso cubanos que huyen, ya no de Castro, sino del elevado costo de la vida en Miami.
Estoy, pues, en la mejor de las compañÃas. Tengo un excelente conjunto de lectores, muy diverso en sueños, intereses y sentimientos. Tampa es también lo que algunos expertos llamarÃan una ciudad “aspiracionalâ€, es decir, un sitio donde mucho está por hacer y donde el costo de la vida permite todavÃa a sus residentes un cierto grado de bienestar que facilita alcanzar sus metas y aspiraciones. Para cualquier inmigrante se trata de un sitio ideal, pero los obstáculos todavÃa existen.
He oÃdo a algunos hispanos quejarse de que la gran prensa los soslaya; los he escuchado decir que son un grupo “invisible†sobre el cual sólo se escribe cuando ocurre un hecho delictivo. Los he oÃdo lamentarse igualmente de que no tienen voz y de que sus opiniones no cuentan. Donna Parrino, funcionaria de la Universidad del Sur de la Florida, me relató lo difÃcil que le resultó conseguir que nuestro aeropuerto colocara al fin un letrero en español dando a los viajeros la bienvenida a esta ciudad. En una zona como ésta, donde en algunas partes los latinos representan un porcentaje considerable de la población y donde el pasado histórico está anclado en España y el Caribe, esto es algo insólito. Para llenar este vacÃo es que ha surgido nuestro semanario.
Para ello CENTRO Mi Diario ha contratado a un personal tan diverso como talentoso, que permanecerá atento a las necesidades informativas de nuestros lectores. Como a toda empresa en una sociedad libre y capitalista nos atrae el potencial económico que los hispanos representan, pero como ente periodÃstico nos impulsa también el afán de ofrecer un producto de calidad óptima, como se merecen los tampeños hispanohablantes.
Desde mi cargo como editor, me esforzaré por que esta publicación refleje verazmente el acontecer de esta comunidad, enfatizando siempre lo que nos une pero atento también a las reglas éticas del periodismo serio, con equilibrio y justeza al tratar cualquier tema, y sobre todo, sin favoritismos de grupo u origen nacional. Me esforzaré también por que los latinos tengan en Mi Diario un vehÃculo para expresar sus inquietudes.
Este podio que hoy ocupo es más de ustedes, los lectores, que de los profesionales que hacemos este periódico. Los insto, pues, a colaborar con esta sección, donde habrá espacio para cualquier opinión responsable. Habrá también un buzón para recibir sus cartas, si no se animan a escribir un artÃculo. Ustedes, los protagonistas de nuestra cobertura local, tienen ahora la palabra.
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